La política exterior norteamericana 1941-1947
La entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial significó un cambio en los objetivos de la política exterior de ese país. Hasta entonces había predominado una postura aislacionista que buscaba asegurar los principios liberales de libre mercado[1]. Sin embargo, las transformaciones sociales, políticas y económicas del escenario mundial tras la finalización de la Primera Guerra volvieron ineficaz a la política exterior norteamericana. A pesar de la penosa situación económica en la que se encontraban las naciones europeas que habían participado de este conflicto, Estados Unidos no asumió sus responsabilidades como primera nación acreedora, desconociendo, así, la incidencia que la economía norteamericana tenía en la economía mundial. El crack de Wall Street en octubre de 1929 provocó un cambio en la conciencia de la clase dominante norteamericana: la autorregulación de mercado y del sistema internacional eran impracticables bajo esta nueva coyuntura.
No obstante, el acontecimiento que modificó los objetivos de la política exterior norteamericana fue el bombardeo japonés a Pearl Harbor en 1941. Tras este hecho, la sociedad norteamericana se encontraba en pánico dispuesta a apoyar medidas a favor del involucramiento directo de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, este ataque fue el detonante que convenció al gobierno norteamericano que el aislacionismo debía llegar a su fin: a partir de ese momento “cualquier modificación sobre el rumbo de la política exterior norteamericana sólo se haría desde la nueva percepción de Estados Unidos como primera potencia mundial, con firmes compromisos en organizaciones políticas y económicas multilaterales”[2]. Siguiendo esta premisa, Estados Unidos buscaría los siguientes objetivos para no volver a cometer errores del pasado: infligir la derrota total de cualquier nación adversaria destruyendo su estructura militar para imposibilitar su resurgimiento; evitar una depresión económica como la surgida durante el período de entreguerra diseñando organismos internacionales que cimienten la base de un capitalismo mundial (ejemplo de ello fue la creación del Fondo Monetario Internacional durante la conferencia de Bretton Woods en 1944); asegurar la autodeterminación de todas las naciones y la construcción de una organización mundial que actuase como mecanismo de seguridad en la que Estados Unidas tuviera participación plena (esto se vio reflejado en la constitución de las Naciones Unidas creada en la conferencia de Yalta de 1945).
Sin embargo, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, estos objetivos chocarían con los intereses de la otra superpotencia de la posguerra, Unión Soviética. En particular, para los soviéticos, por razones de seguridad, era necesario constituir una esfera de influencia integrada por varios países de Europa Oriental, lo cual violaba el principio de autodeterminación de los pueblos que Estados Unidos reclamaba. A ello debemos sumarle, que Unión Soviética se mantuvo intransigente con respecto a su reclamo de no brindar ningún tipo de asistencia a Alemania, yendo contra la posición norteamericana que buscaba otorgar asistencia económica a este país.
Por otro lado, al finalizar la guerra Europa se encontraba económicamente arruinada. Ante esta situación, los gobiernos de varios países se vieron “amenazados” por los partidos comunistas, los cuales habían ganado una alta popularidad debido a su activo papel en la resistencia contra el eje. En este sentido, para el gobierno de Estados Unidos existían serias posibilidades de que se produzcan revoluciones comunistas en Europa occidental, las cuales debían ser evitadas ya que eran incompatibles con las concepciones norteamericanas que postulaban la necesidad de un sistema internacional de libertad de mercado y capitales.
A todo esto debemos sumarle una creciente desconfianza de los funcionarios de Estados Unidos con respecto a los objetivos de Unión Soviética, lo cual los llevó a la conclusión de que había que impulsar una política de contención de este país. Básicamente, sospechaban de la abolición de la Comintern, de un supuesto abandono de la táctica de “frente popular”, de los verdaderos intereses de Stalin (quien en 1946 había realizado un discurso en el que manifestaba la incompatibilidad entre comunismo y capitalismo), de las acciones de la URSS en Irán, y de una posible invasión de Turquía[3]. Este temor pudo verse reflejado en la redacción del celebre telegrama de las 8000 palabras por parte del diplomático George Kennan que advertía que los soviéticos buscarían acrecentar su esfera de influencia debido a que consideraban imposible la coexistencia pacífica entre el sistema capitalista y el socialista.
Podemos considerar la elaboración de la Doctrina Truman[4] en marzo de 1947 como el momento en que el gobierno norteamericano oficializó su postura con respecto a Unión Soviética. En su discurso ante el congreso, el presidente Truman señalaba que: “[...] un modo de vivir está basado en la voluntad de la mayoría, y es distinguido por instituciones libres, el gobierno representativo, elecciones libres, las garantías de libertad individual, la libertad de palabra y la religión, y ser libres de toda opresión política. El segundo modo de vivir está basado en voluntad de una minoría impuesta por la fuerza a la mayoría. Este confía en el terror y la opresión, en una prensa controlada; elecciones amañadas y la supresión de las libertades personales. Creo que ésta debe ser la política de los Estados Unidos para apoyar a los pueblos libres que se oponen a la subyugación que intentan las minorías armadas o por presiones externas.[...]” Representando más que el sólo temor a que Grecia y Turquía pudiesen llegar a estar controlados por los comunistas, la Doctrina Truman demostraba que Estados Unidos había abandonado definitivamente el aislacionismo y asumía el rol de liderazgo mundial.
En conclusión, esta tensa coyuntura evidenciaba el comienzo de un enfrentamiento a escala planetaria entre Estados Unidos y Unión Soviética que duraría casi cuarenta y cinco años, conocido como “Guerra Fría”[5]. No obstante, basándonos en el historiador inglés Eric Hobsbawm[6], la URSS no representaba ninguna amenaza real inmediata para Estados Unidos ya que luego de la Segunda Guerra Mundial había quedado en ruinas, económicamente destruida y con una gran falta de adhesión al régimen por parte de la población que se encontraba en sus países satélites[7]. Para este autor, la naturaleza de este enfrentamiento puede explicarse en la necesidad que tenía el gobierno y la clase dominante estadounidense en construir un enemigo exterior tras el fin de la Segunda Guerra Mundial: si la sociedad norteamericana se sentía amenazada por el “peligro comunista”, el gobierno norteamericanos podría justificar el rol de liderazgo mundial de Estados Unidos e invertir grandes sumas de dinero para financiar la política exterior norteamericana, beneficiando con ello, principalmente a la clase dominante representante del complejo militar industrial.
Etapas de la Guerra Fría
En términos cronológicos, basándonos en el historiador inglés Eric Hobsbawm[8], podemos dividir a la Guerra Fría en tres etapas:
· Etapa de la Guerra Fría “Caliente” (1945-1953): El período que va desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial con el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki por parte de Estados (aunque también puede considerarse el inicio de esta etapa con la enunciación de la Doctrina Truman en 1947), hasta el final de la Guerra de Corea es considerado como el más cercano a un enfrentamiento real entre estas dos superpotencias. Durante esta época el temor de los norteamericanos a la desintegración social o la revolución de los países no soviéticos de Eurasia parecían estar fundamentados con la toma del poder en China por parte de los comunistas. Por su parte la URSS temía el monopolio del armamento atómico de Estados Unidos y a sus declaraciones de anticomunismo militante, mientras que la solidez del bloque soviético empezaba a resquebrajarse con la ruptura de la Yugoslavia del mariscal Tito en 1948. Esta etapa finalizaría cuando la Unión Soviética consiguió crear armas nucleares (en 1949 la bomba atómica y en 1953 la bomba de hidrógeno), lo cual convenció a ambas superpotencias que una guerra abierta sería un suicidio por lo que ésta fue abandonada como arma política.
· Etapa de “distensión” (década de 1960 – finales de la década de 1970): En este período prevaleció un acuerdo tácito entre Unión Soviética y Estados Unidos para evitar una posible guerra nuclear. En este sentido, se instaló el teléfono rojo que conectaba Washington con el Kremlin y se construyó el muro de Berlín (1961) para cerrar la última frontera indefinida existente entre el Este y el Oeste de Europa. Por otro lado, Estados Unidos aceptó a regañadientes la existencia de Cuba como bastión comunista cuando observó que la posibilidad de expandir la revolución no era posible en el resto de América Latina. Asimismo, ambos países firmaron numerosos tratados para controlar y limitar el armamento nuclear, así como también para establecer vínculos comerciales.
· Segunda Guerra Fría (Mediados de la década de 1970 – 1989): Entre mediados de la década del ’70 y principios de 1980, Estados Unidos sufrió diversos reveses: la desastrosa derrota en la Guerra de Vietnam, la renuncia del presidente Nixon por el caso de corrupción conocido como “Watergate”, la nueva ola de revoluciones en Centroamérica y la toma de rehenes norteamericanos en Irán. Asimismo, Unión Soviética había ampliado su arsenal nuclear y creado una marina con fuerte presencia mundial. Todo estos factores convencieron a los funcionarios norteamericanos de que su supremacía militar terminaría si no se la reafirmaba con una demostración de fuerza. Esto pudo observarse, sobre todo durante la presidencia neoconservadora de Reagan cuando se eligieron blancos fáciles para hacer una demostración de la fuerza militar norteamericana. Es en este sentido en que se debe entender la invasión de Granada (1983), el ataque naval y aéreo contra Libia (1986) y la invasión a Panamá (1989). Todo ello se vio acompañado por un rebrote de fiebre militarista por parte de ambos bandos que hacía temer un ataque nuclear, principalmente en los primeros años de la década del ‘80.
Entre 1987 y 1991, la Unión Soviética colapsó por lo cual la Guerra Fría llegó a su fin. Según Hobsbawm las causas para entender la caída de este país no deben encontrarse en el accionar norteamericano durante la década del ’80, sino más bien en la interacción de la economía socialista con la economía del mundo capitalista a partir de los años sesenta combinado con sus defectos económicos y la falta de una reforma del sistema socialista, estancado desde la década de 1950[9].
[1] Debemos aclarar que esta postura aislacionista no se aplicaba dentro del continente americano donde -desde la proclamación de la doctrina Monroe en 1823- Estados Unidos había llevado a cabo una política activa y territorialmente expansionista.
[2] Claudio González Chiaramonte, “La política exterior norteamericana en el siglo XX” en Nigra, F. y Pozzi, P. comp. Huellas imperiales. EEUU de la crisis de acumulación a la globalización capitalista (1930-2000), Buenos Aires, Editorial Imago Mundi, 2003, p. 287.
[3] Ibídem, pp. 288-290.
[4] Se denomina Doctrina Truman al discurso brindado por Harry Truman en la sesión conjunta del Congreso el 12 de marzo de 1947. Desde el punto de vista fáctico, este discurso fue realizado cuando había grandes posibilidades que los gobiernos de Grecia y Turquía pasen a estar controlados por los partidos comunistas, tras el retiro de la ayuda económica de Gran Bretaña a estos países.
[5] Debemos aclarar que no estamos teniendo en cuenta la postura de algunos historiadores -como E. P. Thompson- quienes sostienen que este conflicto al tratarse entre un enfrentamiento entre comunismo y capitalismo, comienza a partir de la Revolución Rusa en 1917. En este trabajo tomamos el comienzo de la Guerra Fría cuando este conflicto alcanzó características globales, es decir, a partir de 1945.
[6] Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1994, pp. 229-241.
[7] Por ejemplo, en 1948 la Yugoslavia del mariscal Tito se separó de la Unión Soviética.
[8] Eric Hobsbawm, op. cit., pp. 229-259.
[9] Ibídem, pp. 254, 255.
Autor: Prof. Leandro Molinaro